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En los últimos años ha comenzado a tomar cuerpo en distintas partes del mundo una corriente vinculada con la filosofía práctica que busca devolver el conocimiento filosófico al espacio público, estableciendo un canal que le permita salir de la cerrazón en que lo mantiene la academia para contribuir de diversas maneras al bienestar social y personal. Cuando está a punto de cumplir cuarenta años, una mujer se pregunta si desea o no ser madre. Un estudiante es reprobado en un examen y duda si continuar o no con la carrera que ha elegido. Una mujer enfrenta la posibilidad de tener cáncer de mama. Un hombre tiene que decidir si contraría la voluntad de su madre y la interna en un geriátrico. Una mujer se pregunta si tiene sentido continuar con dos relaciones amorosas que no la satisfacen por completo. Un hombre enfrenta el suicidio de su hermana adolescente. Una mujer lucha contra sus ataques de ira. Un médico de emergencias enfrenta la posibilidad de cambiar radicalmente su forma de vida.

Todas estas personas han acudido a la Consultoría Filosófica. Pocos años atrás hubieran acudido a un psicólogo para abordar sus problemas desde una perspectiva que tuviera en cuenta exclusivamente su psicología individual y la de su círculo de relaciones inmediatas. Hoy cuentan con la posibilidad de acudir a la Consultoría Filosófica para reflexionar desde otra perspectiva que no se limita a las explicaciones individuales sino que toma muy en cuenta el contexto social en que surgen nuestras formas de pensamiento, nuestros hábitos y nuestras conductas. Si bien para filosofar no es necesario recurrir a ningún profesional, la Consultoría Filosófica puede ser una valiosa herramienta para la vida si se sabe aprovechar la enorme riqueza heredada en dos mil quinientos años de discurso filosófico.

La Filosofía Práctica entiende a la ética como un arte de vivir comprometido con las cuestiones de justicia. No es un recetario prescriptivo ni está compuesto por una lista de prohibiciones conservadoras y fascistas, deudoras de dogmas religiosos. No pretende sustraer uno de los valores sustantivos de la ética, que es la creatividad de establecer qué resulta más conveniente hacer en cada caso. Prefiere las preguntas a las respuestas tajantes e inapelables.  No hay un único arte de vivir bien sino una pluralidad de formas de vida que pueden convivir en paz.

La Consultoría Filosófica se nutre de una tradición que abreva en los orígenes de la filosofía, desde Sócrates y Platón en la antigua Grecia a Lao-Tzé y Confucio en la antigua China, y pretende recuperar a la filosofía como una herramienta de gran valor para la vida cotidiana de las personas.

El asesor filosófico es un profesional entrenado para acompañar al consultante en la reflexión sobre diversos tópicos que pueden abarcar desde problemas personales hasta inquietudes vinculadas con el devenir social y cultural.

El asesor filosófico facilita la reflexión filosófica conjunta entre dos personas o en comunidades de investigación filosófica grupales (la consultoría en grupo o el Café Filosófico). Puede provenir de diversas corrientes filosóficas, y no ofrece una terapia alternativa sino una alternativa a la terapia. No dialoga en tanto profesor de filosofía, aunque pueda valerse del conocimiento filosófico, ni como un tutor de consciencia que prescribe recetas amparadas en la autoridad de algún filósofo célebre. La base para el diálogo es la empatía y la igualdad; el consultante no es enjuiciado sino acompañado en un marco de libertad para el diálogo.

La Consultoría Filosófica tiene como principio la idea de Kierkegaard de que toda ayuda verdadera comienza con un acto de humildad, con la convicción de que si bien se puede manejar cierto conocimiento, es dudoso que se tenga respuesta a todas las grandes cuestiones. El asesor busca acompañar y ayudar al consultante, no ser admirado por él en virtud de la supuesta "superioridad" de su conocimiento.