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Uno de los temores principales que suscita la Consultoría Filosófica es el que proviene de quienes encuentran que su práctica se confunde con la terapia psicológica. Contra esta objeción es necesario aclarar que la Consultoría Filosófica no es una práctica clínica. No trabaja con modelos médicos y difiere radicalmente de aquellas prácticas clínicas que se valen de categorías como "síntoma", "trastorno" o "enfermedad".
Los problemas no son vistos como "enfermedades", y mucho menos como "enfermedades" que deben ser "curadas". La Consultoría Filosófica abreva en el movimiento antipsiquiátrico y considera que, desde mediados del siglo XIX, la categoría de "enfermedad mental" fue utilizada frecuentemente con fines normalizadores para excluir y segregar aquello que no respondiera al paradigma ético y político de las clases dominantes. Considero que la aparición de la Consultoría Filosófica es una expresión más de la desconfianza que ha despertado el discurso médico "normalizador", y manifiesta el fin de su monopolio. Disiento profundamente con las concepciones que reducen el sufrimiento humano a la noción de "enfermedad". El científico decimonónico quiso diferenciarse del oscurantismo religioso sustituyendo la noción de pecado por la de "enfermedad mental". Sin embargo, a menudo este médico ilustrado encarnó él mismo el ministerio sacerdotal que criticaba. La búsqueda de diagnósticos mentales sustituyó el juicio de valor religioso-moral por un juicio de valor medicalizado. Términos surgidos en contextos psiquiátricos fueron popularizándose y despojándose de su vestimenta cientificista: tal el caso de "idiota", "imbécil", "histérica", "neurótico" y "psicópata". La Consultoría Filosófica tiene un importante papel para jugar frente a la pobreza teórica de gran cantidad de psicoanalistas, que entienden que el complejo entramado del sufrimiento humano se agota en Freud y Lacan, así como en el medioevo se creyó que la "verdad revelada" se agotaba en dios, Platón y Aristóteles. Otro rasgo distintivo de la Consultoría Filosófica es que no procede como algunas corrientes de la psicología, que simplemente constatan cómo es que surgen los problemas psicológicos, y buscan resolverlos sin preocuparse por desarrollar una perspectiva crítica sobre la sociedad, teniendo como único objetivo la adaptación del paciente al statu quo. Existen indudablemente algunas terapias psicológicas que dialogan con la filosofía. Muchos de estos cruces interdisciplinarios son sumamente valiosos, ya que el encasillamiento en un área de estudio específica limita los alcances de toda investigación. La Consultoría Filosófica se diferencia de algunas corrientes de la psicología, y en particular del psicoanálisis, en que no habla desde una presunta "neutralidad" relativa a los valores éticos. La "neutralidad" es el "ojo de dios" que precisó la ciencia para legitimar su verosimilitud y una idea de profesionalidad asociada a la imparcialidad. El asesor filosófico es consciente de que siempre se parte de cierto sistema filosófico de comprensión del mundo, y que por tanto existirán múltiples formas válidas de vivir bien. El asesor se aproxima al consultante desde ese lugar, y no pretende ocultar sus propios puntos de vista, necesariamente subjetivos. Otra diferencia con algunas corrientes de la psicología -especialmente con el psicoanálisis- es que la Consultoría Filosófica no se centra en la instrospección sino en un diálogo permanente entre diversas cosmovisiones filosóficas. Además del individuo, en el que focaliza su atención la psicología, a través de la mediación de la filosofía aparece el mundo, la esfera social, cultural e histórica, en diálogo permanente con las situaciones concretas acerca de las cuales se reflexiona. Otra diferencia de la Consultoría Filosófica respecto a diversas corrientes psicoterapéuticas, particularmente el psicoanálisis, es que, si lo considera oportuno, el asesor puede llegar a revelar información sobre su propia intimidad. Una de las críticas más frecuentes que ha recibido la Consultoría Filosófica es que los asesores filosóficos tendrían la "ingenua idea" de que un discurso meramente intelectual abocado a examinar conceptos puede ser efectivo para el abordaje de trastornos emocionales, ignorando por completo "los deseos inconscientes". El psicoanálisis ha sido descripto como una "psicología profunda" que busca sumergirse en la introspección (lo que el sujeto accede acerca de su acontecer psíquico) para hallar los deseos inconscientes que lo determinan, entendiendo que tales deseos remiten a la historia individual y fundamentalmente a los primeros años de vida. Otras corrientes terapéuticas han mantenido esta concepción de búsqueda introspectiva de determinaciones individuales ocultas. Por oposición a esta idea, la Consultoría Filosófica no sostiene que los entimientos y las emociones sean sólo eventos irracionales que una persona está obligada a sufrir pasivamente. John Locke caracterizó a las emociones, a las que llamó pasiones, como ideas que provienen tanto de nuestras sensaciones como de nuestras reflexiones. Toda una tradición filosófica, desde Platón, Aristóteles y Séneca en adelante, sostiene que las emociones no irrumpen simplemente de la oscura irracionalidad sino que están vinculadas con ciertas formas de pensamiento y de acción. Una emoción negativa puede ser modificada a partir de un examen crítico de uno mismo del que surja una forma diversa de aprehender el mundo. Los sentimientos no son sólo un destino que puede padecerse. Tal como postularon los estoicos, las pasiones también son juicios, es decir, que a menudo sufrimos por algo en virtud del juicio de valor implícito que presupone tal sentimiento. También las emociones constituyen formas de estar en el mundo: quien se deprime o se irrita actúa de tal forma que comienza a ser tratado y definido por otros como "depresivo" o "irascible", y de este modo condiciona algunas de sus experiencias futuras. Aunque es posible obtener cambios de perspectiva sustantivos mediante la reflexión filosófica, esto no equivale a declarar la omnipotencia de la razón, que a veces parece anémica frente al poder de los hábitos y las pasiones, y omnipotente a la hora fundamentar las peores barbaries del proyecto racional moderno. Nuestras ideas condicionan nuestros sentimientos, así como nuestros sentimientos también suelen configurar nuestras ideas. En ocasiones el campo de la palabra parece insuficiente, y es preciso recurrir a nuevas experiencias o modificar activamente el entorno, pero incluso en tales casos la reflexión es necesaria para guiar las acciones a buen término. Por ejemplo, una persona siente un temor y reconoce que es irracional (sabe que lo que teme en realidad no es peligroso). La reflexión y las palabras no son suficientes para cambiar su temor: será necesario que experimente que es capaz de tolerar la presencia temida, y que se habitúe en forma gradual hasta lograr hacerlo sin sentir angustia. La Consultoría Filosófica se distancia del psicoanálisis por cuanto no se basa en la instrospección, no ancla en la infancia ni agota en la vida del individuo y de su entorno inmediato la explicación de sus problemas, de sus conflictos de valores y de los dilemas éticos en los que pueda verse sumido. Considera, tal como plantearon Hegel y otros tantos, que primero somos sujetos sociales y tan sólo luego sujetos individuales. Primero somos atravesados por discursos sociales, mediante el gran vehículo social del lenguaje, y luego somos constituidos por discursos familiares y de nuestro entorno inmediato. Lo que nos ocurre no obedece sólo a razones que anclan en nuestra historia individual sino también a razones que deben ser enmarcadas en un contexto histórico, social y cultural más amplio. Postulo que una de las consecuencias políticas de que el psicoanálisis encuentre en la infancia el fundamento de casi todos los problemas humanos, es que se libera a la esfera social de toda perspectiva crítica. Si la "culpa" de todo la tienen los padres, ¿para qué desarrollar una mirada crítica sobre la sociedad? Esta ha sido una de las tantas causas por las que el psicoanálisis a menudo ha sido muy conservador en lo político. Por último, considero que la Consultoría Filosófica puede ser un recurso de gran utilidad para los psicoterapeutas abiertos al enriquecimiento interdisciplinario. |
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